Este fragmento corresponde a la obra de 'El Fedón' (74a-83d) del periodo de madurez, situándose en esa época otras como: 'El banquete' o 'La República'. 'El Fedón' trata sobre la inmortalidad del alma, tal y como se puede apreciar en este texto. Pero además de este tema, se exponen otros como el innatismo del alma, su preexistencia y la relación de esta misma con el Mundo de las Ideas. Platón considera que el alma es innata, es decir, nace con todos los conocimientos en su interior y que, a su vez, el alma se reencarna en distintos cuerpos dependiendo de su grado de conocimiento. El alma preexiste antes de nuestro nacimiento al igual que las ideas pertenecientes al Mundo Inteligible, ya que ella procede de este mundo, donde vivía antes de caer en nuestro cuerpo. Por tanto, si existen esas nociones primitivas como presenta este fragmento de 'El Fedón': [...] porque yo no encuentro nada más evidente que la existencia de todas estas cosas: lo bello, lo bueno, lo justo [...]; existe también el alma. Este fragmento expone la inmortalidad del alma como una característica no corroborada: [...] mas para completar su demostración, debía probar igualmente que, después de nuestra muerte, nuestra alma existe lo mismo que existió antes de esta vida [...]. Sin embargo si el alma habita en el Mundo de las ideas, donde los conceptos son únicos eternos e inmutables y además se reencarna, tiene su lógica afirmar que, por tanto, es inmortal.
domingo, 20 de noviembre de 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
Siglo V a.C. Sócrates y los sofistas.
En este siglo vivía Pericles, así como Sócrates y los sofistas. Tiene lugar la democracia en Grecia. Debido a la caída del pueblo persa volvía a existir la paz y el pueblo llano podía dedicarse a otras profesiones que no fueran guerrear. Así mismo, como todo el mundo podía acceder al gobierno, los atomistas no interesaban a la población, ya que esta no se preocupaba de la naturaleza, sino del hombre, es decir, de la antropología. Se produce entonces un giro antropológico. La gente podía poseer sus propios productos y venderlos, sin tener que entregarlos a ningún pueblo externo, y con este beneficio se podían permitir un profesor, es decir, un sofista. Los sofistas eran maestros que enseñaban el arte de la convicción y de la perversión, el arte de la retórica. Engatusaban a sus discípulos mediante el don de la palabra, engañándoles, poniendo al gobernante en acción de gobernar, es decir, influían en las decisiones políticas ya que ellos no podían ejercer la acción del voto. Se caracterizaban por su relativismo, escepticismo y convencionalidad. Según ellos la naturaleza era desconocida, no se podía conocer. La verdad era relativa a cada individuo según su visión, es decir, era particular. Esta idea les interesaba para llegar a la convencionalidad de las leyes. Si no se puede conocer la naturaleza, la ética no puede basarse en ella. No les interesaba que hubiera una única verdad, una naturaleza conocida, unas leyes que la rigieran, ya que si no conozco nada las leyes se hacen en función de los demás. Las normas morales y legales salían, por tanto, de la convención, del acuerdo de los miembros de la comunidad. Sería bueno lo que el colectivo dijera que es bueno y malo lo que dijera que es malo Se pretendía conseguir dominar el lenguaje para llegar al poder. Proponían que tanto las normas morales como las legales tenían una serie de cosas, consecuencia de unas tensiones, de unas fuerzas en equilibro. No hay nada supremo que indique que hay que hacer, nada que nos oriente por encima de la naturaleza, somos nosotros quienes decidimos.
Sócrates vivía en este ambiente sofista y participaba con ellos en la preocupación antropológica. Le preocupaba cómo educar al hombre, cómo educar a la juventud. No cobraba a diferencia de los sofistas, y a distinción de estos no realizaba grandes discursos. Sócrates propuso el diálogo. Este método socrático contenía dos pasos: primeramente tenía lugar la ironía, en la cual a base de preguntas y respuestas conseguía elevar al interlocutor a ser consciente de su ignorancia. La ironía daba paso a la mayéutica, en griego ayudar a dar a luz. Sócrates ayudaba a extraer las ideas de los demás. Era una investigación interior del individuo, donde permanece el conocimiento. Por lo que una vez que tenía la verdad, había que definirla para poder comunicarse, había que extraer el concepto. A los sofistas no les interesaba la verdad, siendo la comunicación imposible. Según ellos, la ciencia no era posible porque tampoco lo era la comunicación. A partir de Sócrates, el concepto es el objeto universal y necesario. Por ello, la ciencia comienza con este filósofo, descubriendo el concepto y haciendo posible la comunicación, rota en los sofistas. Sócrates plantea la idea de intelectualismo moral como la justificación de la ética. Su intención es enseñar a la juventud para hacer una sociedad mejor. La dimensión social de la ética quiere decir que fuera de la sociedad no eres nadie, lo que haces repercute sobre los demás. Eres bueno si conoces el bien, y eres malo si no haces ni conoces el bien. El mal proviene del desconocimiento del bien. Todo aquel que conozca la bondad y la justicia obrará buena y justamente. La maldad procede de la ignorancia del bien. Es el tonto e ignorante el que hace el mal y no el sabio, por tanto, se relaciona la virtud con la sabiduría y la bondad.
Siglo VI a.C. Paso del mito al logos.
El paso del mito al logos significa la búsqueda de respuestas a las preguntas sobre la naturaleza. Como consecuencia de esta búsqueda, se produce un cambio en el pensamiento de algunos respecto a los argumentos de aquella época. La filosofía nace, por tanto, como crítica al saber popular.
La forma habitual de explicar la naturaleza (fisis) hasta el momento era el mito. Todos los acontecimientos, tanto externos como internos, disponían de explicación, eran respuestas radicales. Con la respuesta mítica, los elementos naturales se personificaban, y divinizaban, y las cosas funcionaban de forma arbitraria, es decir, sin control alguno, ocurriendo como los dioses deseaban y actuando estos a su capricho. Sin embargo, dicha explicación y manera de entender la realidad no convencía a algunos hombres griegos del siglo VI a.C., ya que les parecía equivocada. Por ello buscaron otra explicación de regularidad. Pensaban que las cosas tenían una secuenciación necesaria, que existía un elemento en la naturaleza que imponía las cosas de esa manera.
Hasta entonces, la sociedad era agrícola, guerrera y aristocrática. Vivían en polis. Su vida transcurría en función del clima, ya que la mayoría trabajaba en la agricultura; se preparaban desde niños para la guerra y en el aspecto político, gobernaban los mejores, considerados para ello los aristocráticos. La sociedad se dividía en dos clases: los nobles y el pueblo. El pueblo no participaba ni votaba. Sólo los nobles podían poseer virtud, es decir, éxito, el linaje y la fama. Era mejor quien mejor linaje tenía, siendo admirado el hombre que tenía éxito, al igual que fama. No existía la idea de justicia y derecho.
Los griegos del siglo VI a.C. pensaban que todo los que nos rodea procede de unos principios explicativos. Para ellos la Fisis era un organismo vivo en el cual todo está ordenado, era un cosmos. La naturaleza contenía un orden dinámico según el cual funcionaba. Era un dinamismo intrínseco, con una fuerza que se encontraba dentro de él..
Los filósofos de este siglo consideraban que existía un principio explicativo que hacía que el organismo estuviera vivo, que funcionase. Este era un elemento natural, el origen de los cambios, lo que permanece, la causa, el sustrato, es decir, el arjé. Todos ellos eran los presocráticos.
Los primeros presocráticos provienen de Mileto: Tales, Anaximandro y Anaxímeres. Cada uno de ellos contenía un arjé que consideraba el principio de todo.
Para Pitágoras el arjé era algo más allá de lo sensible. Los pitagóricos heredaron la idea de un alma eterna que se purifica en el cuerpo. El arjé era algo conceptual. Observaron que la naturaleza se podía explicar mediante relaciones matemáticas, proporcionalmente, siendo su base los números.
Parménides fue el primer metafísico, no hablaba en relación con la realidad, la fisis que proponía era una fisis mental: `Toda la realidad es el ser, y no hay nada más fuera de él. El ser es y el no ser no es. Es lo mismo pensar que ser., por tanto, existe lo que pienso. No hay movimiento´.
Heráclito propuso la dialéctica: 'Todo está cambiando, nada es definitivo'. La naturaleza es dialéctica, una serie de fuerzas en equilibrio y en cierta tensión. Consideraba al ‘logos’ como el principio general que rige la naturaleza y controla dichas tensiones.
En un intento por superar a Parménides surgen como reacción los pluralistas. Como uno de ellos, Empédocles propuso que toda la crisis procedía de cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra, 'ara explicar el movimiento se basó en dos fuerzas: el amor, que une y el odio, que desune. Anaxágoras, por otro lado, consideraba que había infinitas sustancias a las que llamó homeomerías, y para él, el movimiento se producía porque había un ser superior que le dio fuerza a la naturaleza, pero en la cual no intervino, el nous. Otros pluralistas en contra de Parménides que intentaron explicar de qué están hechas las cosas y su movimiento eran los atomistas. Estos pensaban que todas las cosas estaban hechas de átomos y proponían que el movimiento es culpa del vacío, que los átomos caen, se chocan y se hacen y deshacen. Este choque surgía, no estaba programado, no se sabía lo que iba a pasar: era la indeterminación. La naturaleza se explicaba de forma indeterminada. Somos absolutamente libres, las cosas suceden mediante un programa, el cual podría ser distinto. A pesar de esto, nadie se interesaba por ellos, ya que vivían en un siglo en el que los intereses se basaban en los temas antropológicos.
domingo, 16 de octubre de 2011
Intelectualismo moral.
Es posible hablar del intelectualismo moral como una forma de justificar y entender la ética. Sócrates consideraba que esta experiencia moral se basaba en el conocimiento del bien, relacionando éste con el concepto de virtud. Sólo si se conoce la idea de bien y de justicia se podrá realizar una conducta buena y justa. Aquel que hace el mal es por el desconocimiento del bien. La bondad o maldad de las propias acciones depende del grado de sabiduría o ignorancia que uno contenga de dicha bondad. Por tanto, si se tiene noción de esta idea no es posible efectuar el mal. Esta doctrina quería ser trasladada a las escuelas con la intención de reflejarla a la juventud. Por ello, los malignos no debían ser castigados, sino educados. De esta manera se podía alcanzar una sociedad mejor, más correcta y justa.
Para el intelectualismo moral los asuntos éticos y políticos debían tratarlos personas con un saber adquirido de dicha materia, es decir, debían ser regidos por expertos. Por ello, Sócrates requiere como base de estas cuestiones un conocimiento consciente y manifiesto de todo aquello, un entendimiento a partir del cual se pudiera ofrecer una definición del tema, como garantía de las acciones buenas y justas, ya que únicamente aquellos que conocían ese saber podían realizarlo. Según este pensamiento filosófico, la perfección moral reside en una perfección del intelecto. Sin embargo, no todos los filósofos comparten la misma teoría.Algunos, como Aristóteles, considerarán que dicho conocimiento de la justicia y bondad no será suficiente para realizarlas. Será necesario además una posesión de voluntad para la práctica moral, una decisión o disposición para obrar de forma correcta y no solamente una captación de dichas ideas. Por tanto, la perfección moral radicará en la perfección de la voluntad, poniendo de manifiesto no tanto el conocimiento de una conducta justa como la intención de practicarla.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Origen de la filosofía.
Resulta interesante pensar que fue posible que una población recién colonizada estuviera dispuesta a cuestionar una serie de creencias, de tradiciones que marcaban su día a día y a las que permanecían aferrados. Ellos comenzaron a dudar sobre la veracidad de aquello que les rodeaba. Se sentían libres a la investigación, apartados de las fronteras de cualquier imperio que fuera firme a sus ideas. Este cambio, esta revuelta, esta revolución, la llevaron a cabo aquellos que mantenían la sociedad, mercaderes y navegantes, gente aparentemente sin poder, pero tan poderosa como para llevar a un pueblo a una total modificación de su mentalidad. Se cuestionaron la existencia de leyes que hacían posible una explicación de los fenómenos de la vida, de leyes de la naturaleza que regían la propia naturaleza, replanteándose la posibilidad de que aquellos dioses caprichosos a los que dedicaban su vida eran tan solo una simple invención.
Tales y Anaximandro de Mileto. Unos de los primeros hombres en hacer surgir el concepto de ciencia, en dejarse llevar por la eficacia de la lógica, en utilizar verdaderamente el pensamiento, en creer en el orden de la naturaleza, en un cosmos alejado del caos, en originar la filosofía.
Presentación
Soy Victoria Crespo y estudio en la clase de 2º C de bachillerato en el IES María Moliner, Coslada.
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