Es posible hablar del intelectualismo moral como una forma de justificar y entender la ética. Sócrates consideraba que esta experiencia moral se basaba en el conocimiento del bien, relacionando éste con el concepto de virtud. Sólo si se conoce la idea de bien y de justicia se podrá realizar una conducta buena y justa. Aquel que hace el mal es por el desconocimiento del bien. La bondad o maldad de las propias acciones depende del grado de sabiduría o ignorancia que uno contenga de dicha bondad. Por tanto, si se tiene noción de esta idea no es posible efectuar el mal. Esta doctrina quería ser trasladada a las escuelas con la intención de reflejarla a la juventud. Por ello, los malignos no debían ser castigados, sino educados. De esta manera se podía alcanzar una sociedad mejor, más correcta y justa.
Para el intelectualismo moral los asuntos éticos y políticos debían tratarlos personas con un saber adquirido de dicha materia, es decir, debían ser regidos por expertos. Por ello, Sócrates requiere como base de estas cuestiones un conocimiento consciente y manifiesto de todo aquello, un entendimiento a partir del cual se pudiera ofrecer una definición del tema, como garantía de las acciones buenas y justas, ya que únicamente aquellos que conocían ese saber podían realizarlo. Según este pensamiento filosófico, la perfección moral reside en una perfección del intelecto. Sin embargo, no todos los filósofos comparten la misma teoría.Algunos, como Aristóteles, considerarán que dicho conocimiento de la justicia y bondad no será suficiente para realizarlas. Será necesario además una posesión de voluntad para la práctica moral, una decisión o disposición para obrar de forma correcta y no solamente una captación de dichas ideas. Por tanto, la perfección moral radicará en la perfección de la voluntad, poniendo de manifiesto no tanto el conocimiento de una conducta justa como la intención de practicarla.
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