En este siglo vivía Pericles, así como Sócrates y los sofistas. Tiene lugar la democracia en Grecia. Debido a la caída del pueblo persa volvía a existir la paz y el pueblo llano podía dedicarse a otras profesiones que no fueran guerrear. Así mismo, como todo el mundo podía acceder al gobierno, los atomistas no interesaban a la población, ya que esta no se preocupaba de la naturaleza, sino del hombre, es decir, de la antropología. Se produce entonces un giro antropológico. La gente podía poseer sus propios productos y venderlos, sin tener que entregarlos a ningún pueblo externo, y con este beneficio se podían permitir un profesor, es decir, un sofista. Los sofistas eran maestros que enseñaban el arte de la convicción y de la perversión, el arte de la retórica. Engatusaban a sus discípulos mediante el don de la palabra, engañándoles, poniendo al gobernante en acción de gobernar, es decir, influían en las decisiones políticas ya que ellos no podían ejercer la acción del voto. Se caracterizaban por su relativismo, escepticismo y convencionalidad. Según ellos la naturaleza era desconocida, no se podía conocer. La verdad era relativa a cada individuo según su visión, es decir, era particular. Esta idea les interesaba para llegar a la convencionalidad de las leyes. Si no se puede conocer la naturaleza, la ética no puede basarse en ella. No les interesaba que hubiera una única verdad, una naturaleza conocida, unas leyes que la rigieran, ya que si no conozco nada las leyes se hacen en función de los demás. Las normas morales y legales salían, por tanto, de la convención, del acuerdo de los miembros de la comunidad. Sería bueno lo que el colectivo dijera que es bueno y malo lo que dijera que es malo Se pretendía conseguir dominar el lenguaje para llegar al poder. Proponían que tanto las normas morales como las legales tenían una serie de cosas, consecuencia de unas tensiones, de unas fuerzas en equilibro. No hay nada supremo que indique que hay que hacer, nada que nos oriente por encima de la naturaleza, somos nosotros quienes decidimos.
Sócrates vivía en este ambiente sofista y participaba con ellos en la preocupación antropológica. Le preocupaba cómo educar al hombre, cómo educar a la juventud. No cobraba a diferencia de los sofistas, y a distinción de estos no realizaba grandes discursos. Sócrates propuso el diálogo. Este método socrático contenía dos pasos: primeramente tenía lugar la ironía, en la cual a base de preguntas y respuestas conseguía elevar al interlocutor a ser consciente de su ignorancia. La ironía daba paso a la mayéutica, en griego ayudar a dar a luz. Sócrates ayudaba a extraer las ideas de los demás. Era una investigación interior del individuo, donde permanece el conocimiento. Por lo que una vez que tenía la verdad, había que definirla para poder comunicarse, había que extraer el concepto. A los sofistas no les interesaba la verdad, siendo la comunicación imposible. Según ellos, la ciencia no era posible porque tampoco lo era la comunicación. A partir de Sócrates, el concepto es el objeto universal y necesario. Por ello, la ciencia comienza con este filósofo, descubriendo el concepto y haciendo posible la comunicación, rota en los sofistas. Sócrates plantea la idea de intelectualismo moral como la justificación de la ética. Su intención es enseñar a la juventud para hacer una sociedad mejor. La dimensión social de la ética quiere decir que fuera de la sociedad no eres nadie, lo que haces repercute sobre los demás. Eres bueno si conoces el bien, y eres malo si no haces ni conoces el bien. El mal proviene del desconocimiento del bien. Todo aquel que conozca la bondad y la justicia obrará buena y justamente. La maldad procede de la ignorancia del bien. Es el tonto e ignorante el que hace el mal y no el sabio, por tanto, se relaciona la virtud con la sabiduría y la bondad.

